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¿Qué es el amor?

Para Bécquer, es un misterio, un enigma que se escapa de toda lógica. Para Neruda, es entrega pura, sin razón, sin explicación. Ambos coinciden en algo esencial: el amor no obedece a la razón.

Y entonces, ¿dónde queda el consejo de mi madre? Esa frase que me repitió tantas veces:

«Enamórate con la cabeza y no con el corazón.»

Parece imposible, ¿no?

Pero amar con la razón es, quizás, el único escudo que tenemos contra el dolor.

Amar con la cabeza te permite soltar sin asfixiarte, sin ese nudo en la garganta que te arrastra a la cama por días.

Con la razón, comprendes que soltar no siempre es perder. A veces, es cuidarte.

Y me pregunto… ¿El amor debe darte felicidad o se trata de compartir la que ya tienes?

Qué confuso.

Estoy enamorada.

Pero, ¿y si decido soltar?

No te alarmes, no sientas pena.

No digas: «otro fracaso para esta chica.»

A veces dos personas se sueltan porque sus sueños no caminan juntos, porque el silencio pesa más que la conversación, porque el anhelo de crecer ya no es compartido, sino personal…

¿Eso es egoísmo?

¿El amor exige estar en todos los planes, en todas las rutinas, en todos los “para siempre”?

Y si no estás ahí, ¿dejas de amar?

Yo creo que el amor debe ser sano. Que si no haces daño, estás haciendo algo bien.

Soltar duele, sí, muchísimo. Pero con el tiempo, ese dolor se convierte en paz.

Aprendes a respirar sin esa presencia.

Aprendes a estar sin dejar de amar.

No tengo ganas de sufrir, no quiero volver a ese lugar oscuro. Y entonces me pregunto desde lo más profundo:

¿Estoy aprendiendo a soltar?

¿O simplemente aprendí a huir?